Proceso de internacionalización de una empresa

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Abordar un proceso de internacionalización de una empresa supone un gran esfuerzo y acarrea grandes riesgos, ya que exige una gran inversión en recursos humanos y financieros, además de estar sujeto a una gran incertidumbre por la gran complejidad de los mercados globales. Pero, por este mismo motivo, también se puede afirmar que el permanecer en los mercados locales sin salir al exterior también puede suponer un grave riesgo, precisamente porque el mercado local está también sujeto a los vaivenes del mercado global.

Mirando los aspectos intrínsecamente positivos, parece cierto afirmar que el proceso de internacionalización debería hacer más competitiva la empresa, ya que se centra el esfuerzo en mejorar la productividad y se aprende a resistir mejor los ciclos adversos, al competir en mercados más grandes, abiertos a más y más diversas oportunidades.

La internacionalización es una forma se asegurarse el suministro de inputs para la producción y de buscar salidas a la crisis, preparándose incluso antes de que ésta haga aparición. Aunque exige optimizar los procesos, permite diversificar actividades y riesgos, accediendo a las ventajas que ofrecen las economías de escala.

¿Por qué se debe internacionalizar una empresa?

Ante la pregunta de si es prioridad internacionalizar una empresa, deberíamos evaluar las ventajas de dar este paso:

  • Como reacción al ataque de un competidor internacional.
  • Para seguir creciendo, cuando el mercado interno no da más de sí.
  • Para ganar en competitividad, luchando contra competidores más grandes.
  • Aprovechar la capacidad “ociosa” de la producción.
  • Ganar prestigio y lograr más valor de marca.
  • Acceder con más facilidad a avances tecnológicos.
  • Aprender de la observación de nuevos mercados y nuevos competidores.

Salir de la zona de confort y entrar en el círculo vicioso de la competitividad internacional es una camino hacia la prosperidad de la empresa, ya que es una de las mejores y más directas vías para incentivar mejoras en la eficiencia.

Aunque nunca está de más recalcar que, antes de abordar el proceso de internacionalización de una empresa, es necesario realizar un concienzudo análisis para conocer cuál es el país que más oportunidades presenta para nuestro negocio y, a continuación, trazar nuestro plan de internacionalización.

 

 

 

 

 

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Un plan de internacionalización
en diez pasos

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Antes de trazar un plan de internacionalización en diez pasos, vamos a definir qué es la internacionalización y cuáles son las principales ventajas que puede aportar a una empresa. Una empresa se internacionaliza cuando sale fuera de su entorno geográfico doméstico habitual y se lanza a conquistar nuevos mercados en otros países. La internacionalización puede traer tres tipos de ventajas para la empresa:

  • En la producción: saliendo a otros mercados se consigue utilizar y dar salida a toda la capacidad productiva; es una de las principales puertas de acceso a una economía de escala (cuanto más produzco, más barata me sale la unidad de producción). La empresa también se puede beneficiar de otro tipo de ventajas competitivas, como puede ser el acceso a materias primas, fuentes de energía o mano de obra más barata.
  • De tipo comercial: accediendo a mayores mercados y estabilizando, así, las ventas. La superación de las barreras proteccionistas y la eliminación de costes de transporte internacional son otras de las ventajas.
  • En el plano financiero: diversificando los riesgos.

10 pasos del plan de internacionalización

A continuación pasamos a detallar de forma esquemática cómo sería un plan de internacionalización en diez pasos:

  1. Lo primero será realizar un análisis DAFO.
    1. Corregir Debilidades internas
    2. Mantener y mejorar Fortalezas internas
    3. Identificar y aprovechar las Oportunidades externas
    4. Tomar medidas para afrontar las Amenazas externas
  2. Trazar los objetivos: en cuanto a ventas, mercados y plazos.
  3. Detectar los trámites aduaneros, de logística y fiscales, así como las dificultades legales o barreras comerciales.
  4. Selección del mercado exterior: para ello deberemos conocer el precio que se paga por nuestro producto en el país seleccionado, así como los gastos inherentes de distribución, transporte, etc. Nos será de gran ayuda:
    1. conocer cómo está el sector en el país: podemos informarnos a través del ICEX, asociaciones sectoriales, Cámaras de Comercio, etc.
    2. detectar las principales ferias sectoriales (en este post damos una serie de consejos sobre cómo preparar una feria internacional).
    3. conocer los canales de promoción y tipos de publicidad que pueden interesar a nuestro producto.
  5. Oferta de productos y servicios: interés por el producto, datos de consumo y existencia de competencia en el país, con el objeto de realizar un primer acercamiento a qué cantidad de clientes objetivos nos podemos dirigir.
  6. Plan de Inversiones
  7. Plan Financiero
  8. Plan de Marketing
  9. Plan de acción calendarizado.
  10. Finalmente, podemos actualizar un resumen ejecutivo detallando el proyecto de la empresa, así como datos de otras experiencias de exportación, si las hubiera, de cara a presentarlo ante instituciones o posibles colaboradores o partners.

Muchas de nuestras empresas están poniendo en práctica exitosos planes de internacionalización, como lo confirma el dato de que España, en los últimos años, se está incorporando cada vez con éxito al proceso de internacionalización. Así, el Informe Elcano de Presencia Global de 2017, situa a España en el puesto 12º de 100 países en el ranking de presencia global.

Fuente:  Confederación Española de Asociaciones de Jóvenes Empresarios – CEAJE.

La foto es de Pixabay.

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El trabajo del traductor

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A la hora de describir el trabajo del traductor es significativo lo que dice la web universia.es cuando describe los estudios universitarios de Traducción e Interpretación, englobados en la familia de Artes y Humanidades:

pueden ser vistos como actores sociales que cuentan con las habilidades necesarias para resolver problemas de comunicación que los comunicadores no pueden tratar por cuestiones idiomáticas. Sin embargo, su ámbito de trabajo es totalmente distinto al de los profesionales de la comunicación. Por sus habilidades, pueden desempeñarse sin mayores problemas en organizaciones y empresas internacionales, en el mundo editorial y también como docentes de lenguas extranjeras.

Es, pues, el trabajo del traductor o intérprete el de un mediador intercultural que conecta dos culturas diferentes tendiendo puentes entre ambas. Sobre esta difícil profesión siempre pende la cruel máxima “Traduttore, traditore” que puede ser objeto de diferentes interpretaciones. Por un lado, la más obvia, se refiere a la falacia o traición que esconde una mala traducción. Pero, en una segunda lectura,  también puede hacer referencia a la imposibilidad que existe, en muchos casos, de hacer una traducción 100% fiel e, incluso, de lo traicionera que puede ser una traducción 100% literal que no hace una interpretación en profundidad del significado e intencionalidad real del texto.

Diferencia entre traductor e intérprete

Nos referimos como traductor a aquél que se encarga de trasladar textos escritos de un idioma a otro. Se supone que debe ser una persona amante de la lectura y de la escritura, probablemente de la literatura; lo que se conoce como una persona leída“. Su labor es muy compleja ya que, además de un profundo estudio del texto original, debe atender al contexto (histórico, artístico, social, político, científico, etc.) en que fue escrito o, incluso, a la biografía y/o bibliografía del autor, en el caso de que se trate de la traducción de un texto de autor.

El intérprete, por su parte, traslada de forma oral y consecutiva elocuciones de un idioma a otro. Precisa de gran agilidad mental porque tiene que hablar y escuchar casi al mismo tiempo; o mirar y descifrar los gestos, en el caso del intérprete de lenguaje de signos.

¿En qué ámbitos trabaja un intérprete?

Traductor jurado

Mención especial merece el traductor jurado, denominado también traductor público, traductor oficial, traductor certificado o perito traductor. Precisa de un título expedido por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y traduce documentos oficiales o realiza interpretaciones juradas ante tribunales de justicia o distintas autoridades como ministerios o instituciones académicas. Las traducciones se convierten en traducciones juradas una vez han sido consignados el sello y la firma del traductor-intérprete jurado. El texto traducido se convierte, de este modo, en un documento oficial con la misma validez legal que el original.

Recursos del traductor

Finalmente, mencionaremos algunos de los recursos con que cuentan los traductores a la hora de realizar su trabajo:

  • Software de traducción: son recursos que trabajan sobre bases de datos (de términos o frases, por ejemplo) acelerando el proceso de traducción y ayudando a resolver dudas.
  • Comunidades y foros en línea: formadas, a menudo, por lingüísticas o profesionales de la traducción que se resuelven dudas unos a otros.
  • Diccionarios virtuales: la consulta suele ser más rápida si se trabaja desde un ordenador que en los diccionarios de papel.

 

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Vocabulario y cultura

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Vocabulario y cultura son, a menudo, dos caras de la misma moneda. Nos referimos a que, no en pocas ocasiones, el vocabulario denota la cultura, procedencia, grupo de edad o condición social de un grupo humano. Así, por el uso de un léxico determinado nos haremos una idea de qué tipo de persona es el hablante e, incluso, el uso de unas determinadas palabras en jerga serán signo inequívoco de pertenencia a una comunidad.

Por ejemplo, en contextos marginales se utilizan palabras de argot para designar las diferentes drogas -así se utilizará la palabra perica para designar la cocaína y jaco para decir heroína-. Aunque con el tiempo su significado se va extendiendo, en un principio se usaban estos términos para camuflar el significado real de palabras que no convenía que fueran entendidas por todo el mundo. En esta línea, son dignas de mención las complejas e intrincadas jergas usadas por personas que están presas o han estado una temporada en la cárcel.

Si una persona utiliza palabras ya en desuso -como surtidor (gasolinera), velador (terraza de bar) o banderilla (tapa o pincho)- sabremos que, aunque no le estemos viendo, es una persona de edad muy avanzada. Si hace gala de una gran riqueza de vocabulario para referirse a fenómenos climatológicos, denotará que es una persona del campo, de esas que a menudo están mirando al cielo pendientes del sol, la lluvia o el granizo, ya que de la presencia o ausencia de estos fenómenos dependerá su cosecha o su rebaño.

Si, por el contrario, nos encontramos ante alguien cuya conversación está jalonada de términos en inglés, como brunch, low cost o startup, o neologismos como postureo o finde, deduciremos que es una persona urbana, joven o de mediana edad, y que sigue modas y tendencias.

Vocabulario y cultura son como la cara ante el espejo. Escuchándote cómo hablas, te diré cómo eres.

Léxico coloquial

Todos estos ejemplos confirman que el lenguaje, principal hecho diferencial del ser humano con respecto al resto de animales, es un hecho cultural.

Así, en el caso del aprendizaje de una segunda lengua, siempre se tiene la idea de que el dominio del léxico coloquial, aún siendo un registro muy complicado, es lo que más nos va a acercar al modo de pensar de la gente, a captar la idiosincrasia de un pueblo, en definitiva.

Siguiendo con este tipo de teorías, el relativismo lingüístico sostiene que cada lengua refleja una particular visión del mundo, una cosmovisión determinada. Un ejemplo de libro que nos ayudaría a entender este concepto son las 40 maneras que existen en finés para designar distintos tipos de nieve. 

El vocabulario y la lengua son los principales vehículos identitarios de una cultura. Por eso, cada vez que se pierde una lengua se pierde para siempre una forma única e irrepetible de interpretar el mundo.

La foto es de Pixabay.

 

 

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Cómo elegir un buen traductor

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Hay tres aspectos fundamentales que debemos plantearnos a la hora de decidir cómo elegir un buen traductor. La primera es que sea profesional, la segunda que esté especializado y la tercera que sea nativo, ya que una de las principales garantías es que una de las dos lenguas con las que esté trabajando sea su lengua materna.

El traductor o intérprete nativo conocerá el idioma y su cultura, y dominará expresiones con doble sentido, palabras con doble significado según el contexto, refranes, y todo tipo de frases hechas. También será importante que se ajuste al mensaje que se quiere transmitir, para lo que siempre será una buena señal que haga preguntas, ya que será esta una fehaciente muestra de que no quiere dejar ningún cabo suelto.

El traductor especializado

La especialización, sobre todo en algunos ámbitos como el profesional o el mundo de los negocios, también es otra de claves que nos guiará a la hora de decidir cómo elegir un buen traductor. Un texto técnico, legal o de ingeniería precisa de un traductor o intérprete que conozca a la perfección la terminología (a veces incluso intraducible, para lo que que tendrá que ser capaz de explicar el concepto en pocas palabras) del tema a tratar. Por no mencionar las traducciones médicas, en las que un error podría poner en peligro la vida de una persona en casos de servicios de interpretación no presencial, como los que prestan nuestros compañeros de Dualia a través de teletraducción. Estos profesionales están habituados a trabajar en casos extremos, incluso en situaciones como la que se describe en este post, en la que el interlocutor, presa de los nervios, no es capaz de expresarse correctamente.

Otra característica del buen traductor es que sea capaz de dominar los diferentes registros (coloquial, serio…) y que sea capaz de leer entre líneas. En definitiva, que sea buen comunicador y que sepa cómo utilizar el idioma con efectividad, en busca de lograr un efecto en el interlocutor.

Nuevas especialidades: traductor de web, traductor de subtítulos

Con los tiempos, surgen nuevas especialidades en las que el traductor deberá adquirir otros conocimientos además de los puramente idiomáticos. Nos referimos, por ejemplo, al traductor web. Éste deberá tener unos conocimientos de SEO y estar al tanto de qué palabras se escriben en el buscador con referencia a un tema en concreto, con el fin de posicionar correctamente la página en Google y el resto de buscadores. También deberá saber trabajar en la definición de los menús y submenús, adaptándose a espacios reducidos, donde aspectos como la economía de palabras y el saber dar en la diana a la hora de utilizar el término correcto son cruciales.

Otro ejemplo es el traductor de subtítulos. Éste profesional también deberá saber adaptarse a espacios reducidos, ya que deberá adaptar el texto al ritmo del hablante y trasladar, en pocos segundos, lo que dice el actor a otra lengua, antes de que se produzca el cambio de plano.

En definitiva, antes de contratar una agencia de traductores o intérpretes debemos informarnos y preguntar por las competencias, currículo y especialidades de los profesionales que trabajan en la empresa. Una buena opción, flexible y muy cómoda de utilizar en cualquier contexto, es contratar los servicios de teletraducción vía móvil u online de Byvox. Consulta disponibilidad de idiomas, modalidades de servicio, precios y características. Registro  gratuito, no realizarás ningún pago hasta que uses el servicio.

La foto es de Pixabay.

 

 

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